miércoles, 29 de junio de 2016

TOROS INCREIBLES ARROYO DEL OJANCO 2016




El uro (la subespecie Bos primigenius primigenius), antepasado del actual ganado vacuno, desapareció de su último reducto en los bosques de Europa central en el siglo XVII. Los partidarios de la tauromaquia arguyen que, debido a la cría selectiva de toros de lidia, el toro salvaje español ha sobrevivido durante los últimos tres siglos. La principal diferencia entre un toro salvaje y uno doméstico es la manera de reaccionar cuando se ve amenazado. El toro bravo de origen español seguirá atacando sin cesar mientras algo o alguien se mueva en frente de él.

Sin embargo, la consideración del toro de lidia como una raza es controvertida: libros especializados9 y ecologistas10 cuestionan que se pueda dar al toro de lidia el estatus de raza debido a que las características que se conservan por selección varían de unas ganaderías a otras; además, las crías de toros bravos no nacen necesariamente bravas, ni los toros bravos tienen por qué tener progenitores bravos. Aún siendo una raza, el Gobierno de España descartó que esté en peligro de extinción si se prohíben las corridas de toros, ya que cada año se utilizan un número muy escaso11 en espectáculos taurinos (únicamente 15 000 ejemplares en corridas y sueltas de vaquillas, de los 275 758 ejemplares existentes a fecha de 31 de julio de 2010).

La bravura es la esencia misma de la tauromaquia, razón por la que los ganaderos españoles tratan de mejorarla constantemente. Los toros llevan una existencia placentera[cita requerida] durante cuatro años hasta el momento decisivo en el que se ven empujados hacia la arena. Aunque antes de saltar a la arena el toro bravo nunca ha visto un matador ni un capote —de lo contrario, jamás olvidaría las técnicas empleadas y eso lo haría demasiado peligroso—, su instinto lo lleva a embestir el trapo que se mueve, sea del color que sea, ya que atacan el movimiento producido por el capote. Los toros son capaces de matar hasta en sus últimos momentos. En la década de 1980, el matador Yiyo, tras dar la estocada, fue embestido por el toro y uno de sus cuernos perforó mortalmente el corazón del torero


No hay comentarios:

Publicar un comentario